Fotografía del fundo “El Rascacielos” -ubicado
en el límite de las
Comunas de Traiguén y Ercilla, en la Región de la
Araucanía- ardiendo.
“La nueva
Tierra del Fuego”, la impactante carta que denuncia “terrorismo étnico” en la
Araucanía, por Renato Gaggero L.
“Escribo esto mientras mi hermano arranca de
las llamas de un incendio incontrolable y con el que se están quemando junto
con sus sueños, ya no sus ahorros, sino su última línea de crédito. Un incendio
intencional y dirigido, con más de un foco. Otro más de los miles que han
venido ocurriendo por años en la Región de la Araucanía, y que seguramente no
saldrá en las noticias”.
Así comienza una carta escrita por el abogado
Juan Ignacio Monge, que titula “La nueva Tierra del Fuego”, y en la que relata
con crudeza la situación que ha tenido que vivir su hermano José Luis, luego
que el pasado 11 de enero, a las 15 horas, su fundo “El Rascacielos” -ubicado
en el límite de las Comunas de Traiguén y Ercilla, en la Región de La
Araucanía- ardiera en llamas.
“Mi hermano desde niño amó la tierra donde nos
criamos, y desde muy temprana edad inició pequeños emprendimientos con los que
se ganaba unos valiosísimos pesos en el verano. Recogía rosa mosqueta y la
vendía en la carretera; recogía el trigo que los harneros de las máquinas
trilladoras desperdiciaban, lo limpiaba y lo llevaba a moler al pueblo, para
vender harina. Después tuvo una pequeña crianza de chanchos que procesaba
artesanalmente.
Así, mientras mi verano era sudar persiguiendo
liebres, o pelotas de fútbol, el verano de mi hermano se trataba de sudar
labrándose un camino que sabía que no se lo facilitarían las aulas
universitarias, sino el trabajo duro en el campo.
Así se fue tejiendo una relación simbiótica, un
destino irremediablemente atado a su
tierra, a su gente, que al igual que mi padre, lo llevó a establecerse
en La Araucanía”, señala en el texto.
Contactado por “El Líbero”, Juan Ignacio Monge
aclara que el inicio de las llamas fue en el “Fundo Piedras Blancas” de la
empresa Bosques Arauco, que colinda con “El Rascacielos”, y que los autores del
incendio aún no han sido identificados. Asimismo, señala que el predio de su
hermano era ganadero-forestal, le daba trabajo a una decena de personas y que
contaba con una valiosa reserva de bosque nativo que fue destruida.
En la misiva, Monge se queja de que hoy
pareciera ser un “delito” el hecho “de vivir, de residir, de trabajar y
alimentar a tu familia en la zona de ‘reivindicaciones históricas’. Sólo eso te
convierte en un blanco potencial, y te confina a vivir aterrado con el mínimo
ladrido de un perro en la noche, a temer por tu vida, por tu familia, o por la
de tus vecinos, y por todo por lo que le has vendido al alma al Banco.
Un problema político del que no tienes arte ni
parte y que el Estado no es capaz de solucionar. No importa que tengas
excelentes relaciones con tus vecinos, muchos de ellos mapuche. No importa que
des trabajo (también a mapuche). No importa cuánto esfuerzo, sudor y lágrimas,
le estés metiendo a tu trabajo. No puedes vivir ni trabajar en paz.
En el intertanto, las compañías de seguros no
te aseguran tus bienes, las cuotas de los créditos bancarios y los leasing se
vencen; la gente a la que le diste trabajo la tienes que despedir, y tu vida y
tus sueños se van al tacho de la basura. Y ni siquiera paga Moya. Te jodes.
La agricultura que no logró desplazar el avance
forestal, hoy está siendo aniquilada por el terrorismo étnico”.
En la carta, Monge también cuestiona a las
autoridades por tener en abandono a los habitantes de la zona y por no hacer
cumplir el Estado de Derecho.
“Por eso escribo esto con impotencia. Porque
mientras en el país los políticos están ocupados en cómo se financia la
política, de Arauco al Sur se vive en una nueva ‘Tierra del Fuego’, donde ha
habido inocentes muertos y heridos (física y emocionalmente), y donde el
‘Estado de Derecho’ depende de tu suerte y de una patrulla de Carabineros con
balines de goma”, sostiene.
Finalmente, agrega que “la hora de ‘ponerse los
pantalones’ pasó hace rato, y cada día que el Estado mantiene abandonada a su
suerte a los habitantes de esta zona “de conflicto” atenta no solo contra su
derecho de propiedad y contra la libertad económica, sino contra algo mucho más
elemental como lo es la integridad física y psíquica de las personas. El
derecho básico a vivir en Paz”.
Tomado de El Libero
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